25 de noviembre de 2019

Tomar decisiones para avanzar

Tomar decisiones no es fácil, al menos si éstas corresponden al ámbito de la gestión. Pero hoy es imposible avanzar si no se realiza esta acción.

La toma de decisiones implica aceptar responsabilidades y lograr desarrollar proyectos que tengan sentido. Sin la aceptación se hace difícil el poder construir un futuro que responda a un presente dinámico.

Gestionar es tener visión y perspectiva para lograr ver lo que podrá construirse en el futuro. Si aceptamos implicarnos en lo que podemos denominar gestión dinámica estaremos ayudando a construir un mundo más equilibrado y justo.

La gestión nunca debería estar reñida con la capacidad que tienen que tener las organizaciones para poder innovar. Pretender que instituciones que tienen más de cien años de vida sigan con los mismos parámetros de gestión y de servicio es un grave error. Hay que tomar decisiones para procurar que puedan tener una existencia de otros tantos años. No hacerlo es desentenderse de la responsabilidad que se asume al tener un puesto de responsabilidad. Lo más fácil es no hacer nada, quedarse quieto y dejar pasar el tiempo; pero esto supone la muerte lenta de cualquier proyecto o institución.

Tomar decisiones es complicado; pero no hay que tener miedo a tomarlas si lo que se pretende, a través de las mismas, es ayudar a cumplir los fines y los objetivos de las organizaciones, sean éstas del ámbito de las empresas, del espacio político o del tercer sector.

Tomar decisiones conlleva tener fortaleza porque, por regla general, supone cambiar estructuras y modelos de funcionamiento, lo cual implica resistencia al cambio. Cuando ésta surge aparecen quienes a toda costa y, sin querer enterarse, comienzan a poner dificultades para que el cambio no se propicie. En esta tesitura el líder, que entiende el liderazgo compartido -escribía sobre el mismo la semana pasada- como la herramienta eficaz para transformar las organizaciones, tiene que lograr fomentar que todos puedan sentirse parte dinámica del cambio, ya que las decisiones tienen que ser asumidas por toda la organización. Es, sin duda, una tarea difícil y complicada; pero no debe de ser nunca obviada por quien tiene la responsabilidad de liderar los equipos y la responsabilidad de tomar las decisiones de calado.

Tomar decisiones exige compromiso porque sin éste es imposible superar las dificultades. El compromiso te hace sufrir. Es muy difícil comprometerse sin que te halles ante situaciones que te producen dolor. Pero el dolor nunca puede mermar la ilusión por construir un futuro más adecuado y más conveniente. Las organizaciones precisan de personas comprometidas porque esto hará que los proyectos que quieran realizar, teniendo como base la innovación, podrán generar nuevas esperanzas.

Tomar decisiones es sentir que estás en una vía sin retorno. Una vez que has iniciado el recorrido hay que mirar al frente buscando las respuestas más adecuadas a las dificultades que puedan ir surgiendo. La decisión supone querer alcanzar una meta. Sin metas no hay un recorrido valido para las organizaciones. Sin metas hay caos y desorganización; por esta razón la toma de decisiones, es sin duda, la mejor herramienta para afianzar un futuro con sentido.

Tomar decisiones es arriesgarse a ser criticado y, hasta, perseguido. Siempre hay alguien dispuesto a generar una batalla en contra de quien tiene el coraje de correr riesgos. En las organizaciones hay muchas personas que no soportan liderazgos que tienen que ser compartidos porque esto supone que todos en el equipo, sin excepción, deben de trabajar y, sobre todo, aportar ideas e iniciativas.

Tomar decisiones es implicarse en querer construir un proyecto de futuro. Esto obliga a muchas personas a salir de su zona de confort, y a tener que romper con sus costumbres anquilosadas en modelos de gestión y de servicio sin futuro y estáticos. La implicación está directamente relacionada con la voluntad personal de querer cambiar y de sentir que el futuro hay que construirlo en el presente.

Tomar decisiones es querer soñar. Sin sueños no puede darse el cambio. Las organizaciones crecen y se desarrollan porque existen sueños. Las que no sueñan se marchitan y se apagan. Son las que sueñan las que tienen capacidad de avanzar porque saben adaptarse a la realidad y dibujar el futuro. Aquellas que deciden vivir de lo que siempre hacen o de la cultura de que siempre se ha hecho de esta forma, terminan siendo diluidas, y desaparecen.

Quien se sienta líder y busque el liderazgo compartido tiene que saber que tomar decisiones es un reto al que no puede renunciar, porque de hacerlo estaría aceptando que las cosas no pueden cambiar. Al contrario, fijarse retos supone completar las metas que las decisiones van marcando. Los retos siempre nos hacen estar despiertos y atentos. Los retos nos obligan, en cierta forma, a tener que innovar. Los retos no nos dejan estarnos quietos y buscan en nosotros que seamos personas creativas.

Tomar decisiones comporta creatividad. Sin creatividad es muy difícil plasmar los sueños que se van generando. La creatividad de un organización va más allá de lo que la tecnología nos puede aportar. La creatividad es una acción personal, al mismo tiempo que del conjunto de las personas que forman parte de la organización. La creatividad nace del interior de cada uno de nosotros; pero debe ser racionalizada para poderla plasmar en una imagen que todos podamos comprender. Creatividad comporta valentía.

Tomar decisiones es ser valiente porque el entorno, normalmente, no deja mucha tregua a quienes desean cambiar las organizaciones dado que éstas ya no responden al presente, y desarrollan su actividad teniendo en cuenta exclusivamente el pasado.

Tomar decisiones es tener espíritu de superación. Cuando se toman decisiones, en muchas ocasiones, te puede dar la sensación que se ha fracasado y, te toca, apearte del tren que has pilotado; pero esto nunca debe hacer que, quien tiene esta experiencia, se sienta que todo ha terminado. Al contrario, comienza un nuevo camino y se tiene que sentir gozo y alegría.

Las organizaciones que se quedan con la sensación que han fracasado terminan desapareciendo; sin embargo aquellas que deciden empezar de nuevo; pero esta vez con personas dispuestas a tomar decisiones, saldrán adelante. Aquí, de verdad, se podrá empezar un proyecto apoyado en el Liderazgo Compartido.

Las organizaciones también desaparecen porque dilatan y dilatan la toma de decisiones, siempre con el pretexto de la prudencia. La prudencia nunca debe ser la excusa, porque la prudencia nunca está reñida con la necesidad de fomentar el cambio. En definitiva, quien toma decisiones ayuda a que la sociedad cambie y reconozca lo positivo que existe, pero siempre mirando al futuro.

Siempre me ha llamado la atención la lectura de los Hechos de los Apóstoles, es un libro estupendo para estudiar en las escuelas de negocio porque es el ejemplo vivo y práctico de la toma de decisiones. Podemos hallar una gran variedad de textos que reflejan lo que hoy he intentado compartir con Vds., mis queridos lectores.

David López Royo
Vicepresidente y Director Ejecutivo
Fundación Chávarri por el Bien Común

Fuente: El Correo de Andalucía